martes, 26 de abril de 2016

Carretera hecha a mano





Carretera hecha a mano
Jesús María Stapper

Por: Anna Francisca Rodas Iglesias
                 
“Bosteza el imán y se prepara para atraer los granos de la mazorca
   en mitad del camino la merienda calma los nervios del insomnio.”

   Reconozco en Jesús María Stapper,  amigo, autor del poemario, Carretera hecha a mano, a un hombre íntegro, árbol de madera fina cuya historia es también un camino labrado entre convicciones de lucha por mantener la libertad de expresarse, y con ella, el arte en sus venas como principio que no se negocia.  Los versos que abren la construcción de este viaje, me trasladan al canto del nicaragüense Carlos Mejía Godoy: “con el maíz sembrado desde siempre/ desde antes que ensangrentaran nuestra tierra/ los cuervos, los piratas/ la cruz/ la espada y el capital […]”, y me digo, hoy es mi momento para leerle.

   La tierra bravía de Norte de Santander, y Cáchira, Municipio donde el primer llanto del poeta no debió pasar por alto a quienes, un día de febrero de un año que no figura en los calendarios,  supieron de su nacimiento. Es él,  quien hoy, nos adentra en la lectura de este subyugante viaje donde cada poema encierra el universo en dos líneas, bien, como alusión al devenir de transeúntes sobre un camino con destinos contrarios.

   Observancia y reflexión, dos elementos que caracterizan esta obra; dice Jesús María: “El hombre vil cerca con púas de acero y cicuta al universo/ vuelan ilusos los sueños  y la humanidad ahí donde empezó.”  Este mundo y su letargo no le son indiferentes, no podrían serlo, porque si de reconocer la huella de este escritor se trata, hay toda una generación marcada por hechos relevantes que forjaron su espíritu y visión ante los movimientos sociales de luchas y búsquedas en pro de rescatar los derechos humanos -tan pisoteados- en Colombia por fuerzas del estado en momentos que el país seguía desangrándose con la anuencia de gobernantes corruptos, y el continuo fracaso de negociaciones que generaban más violencia (los años 80’s del siglo XX).  Quizá por ello, Jesús María decide no sumar al grueso de indiferentes haciendo de la palabra y la pintura, su mejor bandera.  Toma la imagen, la hace suya, devela con ella secretos como hiciera un vigía del tiempo en cuyo tránsito no hay cabida al miedo pero sí, al asombro.  Stapper, el proponente de ideas hacia un clima de paz, el que sueña con la fundación  a partir de su creación de un “Nuevo Surrealismo Siglo XXI”.  La atarraya extendida como una mariposa sobre el desierto/ los peces equivocados de lugar en la red con viaje al exterior.” Así, en cada página podemos acariciar imágenes profundas, bien de la nostalgia, bien de elementos que no escapan a la sensible mirada del artista que percibe y condensa una historia como si de un rayo y los eternos segundos que preceden al trueno se tratase.  Salto páginas, vuelvo a cada poema, percibo el llamado a detener y degustar.  No es un libro que, por el estilo que presenta deba ser leído a la ligera, al contrario, se hace necesario decantar cada poema y sus  sonidos para que no escape el mundo como lector (a) a su poder de síntesis.

   Emprender el viaje al paisaje lúcido que se desdobla ante la mirada y nos hace partícipes del universo; Hermann Hesse dijo algo muy valioso y que cabe hoy en esta reflexión al libro que se me revela: “He sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo, pero ya no busco en las estrellas y en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre.”  Traspasándonos, es claro,  como confirmación de la memoria al campo sensible donde todo es digno de entablar diálogo a su propio entorno. “Recostada la rueda habla con una carretera de su historia/ la vía llora y sangra y culpa de sus heridas a la montaña.” No hay ápice de trivialidad en el entretejido de los objetos como testigos mudos de quien ha utilizado al hombre para recuperar su hazaña, y a la vez, su derrota.

   Carretera hecha a mano”, el título del libro hace honor a lo que un poeta es en esencia: constructor o reconstructor de historias del infinito paisaje que no pasan indiferentes al filtro de su mirada. La memoria en este libro no se resigna a ignorar, y el poeta Jesús María Stapper nos hace cómplices intrínsecos en el rescate de lo que a muchos, es invisible. “El señor de mármol tiene el frío incrustado en la conciencia/ el corazón petrificado respira por medio de una vieja herida.” Imagen de expectante activo en cuya mirada hay sitio para redimensionar al hombre consciente tras su desgastado mundo. 

   Este poemario se respira con impecable cuidado, de corte visual, es una invocación para alejarnos del ruido, para sentir y palpar la vida tan deshumanizada en nuestro tiempo.  Reivindica presencia de seres, de la naturaleza, de objetos cuya estancia, en gran medida terminan como estorbos para otra parte de la sociedad de consumo que otrora fueron útiles.  Poco o nada escapa al recorrido intenso del viaje cuando se abren sus páginas y nos hallamos ante un libro digno del hombre que traspasa con devoción de caminante en su huida a los ruidos y fórmulas dulzonas para situarnos sin artificios en el inevitable devenir de existirnos y sobrevivir, en otras formas, estoicamente a la nostalgia.

   Qué grato tener un libro como ruta hacia el asombro de la existencia, de la mano de un valioso poeta, artista plástico, escritor, periodista y soñador de nuestro tiempo.  Jesús María Stapper acierta, una vez más, la vida.

   Cada poema conciso, memorable. Y, como dijo Jorge Luis Borges, “Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.”  Yo lo fui.


La avenida en dilema por un andén de luz y otro de sombra
la vida descansa en las bermas al saber que todo es tránsito.”


Anna Francisca Rodas Iglesias
Medellín, Colombia, Sudamérica, Abril 25 de 2016
Poeta - escritora